JESÚS A. CAÑAS / LA VOZ DE CÁDIZ

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  • Tres meses después de su llegada a Cádiz, el nuevo prelado analiza la realidad social y religiosa que se ha encontrado en la Diócesis
  • Rafael Zornoza Boy, obispo de Cádiz y Ceuta: «No tengo ninguna prisa en renovar la curia, pero sí habrá que definir nuevas responsabilidades»
Monseñor Zornoza en su despacho del Obispado // Foto: Francis Jiménez.

Irradia energía. Es vitalista, inquieto y cercano. Quiere conocerlo todo, descubrir cómo es su Diócesis de primera mano. Y con esta voluntad el obispo Rafael Zornoza no para, literalmente. Pasados ya los 100 días del inicio de su pontificado, Zornoza intenta conocer las virtudes y problemas de su Iglesia desde la primera línea, «a la vanguardia». Lo hace sobre dos pilares, el clero y los jóvenes. Pero no son los únicos. Él mismo lo cuenta.

-¿Qué balance hace de este tiempo al frente de la Diócesis?

-Para mí muy positivo. Ha sido necesarios de todo punto porque yo no solo venía a entrar en una Diócesis, sino a conocerla. Los medios de comunicación sabéis que he tenido una actividad excesiva. Todo el mundo quiere darse a conocer con una amabilidad y disponibilidad que me conmueve, sin protocolos. La gente busca a un padre y se ofrece. Lo que quiere es que les conozcas y que estés con ellos y eso me encanta.

-¿Y mantiene la idea de mantener esta concepción de obispo «de primera línea»?

-Creo que sí. No he planificado la manera de actuar. Estoy atendiendo las demandas, creo que el padre tiene que estar con sus hijos y no ser una persona encerrada en su castillo. A eso hay que añadir que estas Diócesis exige una presencia que, por las distancias, se hacen complicada. A pesar de ello, en Ceuta, sin ir más lejos, ya he estado cuatro veces.

-¿Cuáles son los problemas esenciales que ha podido sondear?

-Hay una necesidad muy grande de renovación en distintos aspectos. El más fuerte de todos es una disposición para la Nueva Evangelización. Las comunidades, los centros o las parroquias tienen mucha vida pero es necesario un impulso de renovación y de orientación. En esa misma renovación, Don Antonio Ceballos, con mucha delicadeza y discreción, ha habido bastantes cosas y asuntos que no ha querido cambiar con la idea de que fuera el nuevo obispo quien tomara las decisiones, por no condicionar. Eso se lo agradezco mucho porque me facilita esa renovación, pero hay muchas fichas que mover y tratar, unos porque se jubilan, otros porque están cansados.

-Entre sus grandes preocupaciones, se aprecia a los jóvenes como uno de sus grandes valores.

-La preocupación por los jóvenes es muy grande. El reto de la transmisión de la fe esta ahí. Hay sectores que no llaman a la puerta, pero este sector sí llama y pide acción, más después de las JMJ. Además, con el peligro de que fuese un momento de emoción que después se desinflara. Por ello, hay que aprovechar la emoción pero darle consistencia.

Después me he empeñado con energía con los inmigrantes. Yo mido lo que escribo. No me prodigo en muchas cartas porque prefiero escribir poco pero que se lea y se entienda. De lo poco que he escrito es una carta con motivo del Día de los Inmigrantes que lleva una reflexión y una invitación a un trabajo. Ahora con motivo de la Cuaresma quiero lanzar una invitación a la conversión. También he podido entrar en Cáritas, estoy haciendo lo posible por impulsarla. Eso no son multitudes, como con los jóvenes que sales en las noticias.

La situación que vivimos de desempleo y de pobreza me asusta. No solo porque pueda haber un problema social que explote, sino porque veo cantidad de sufrimiento. Tengo que decir que es una situación vivida con elegancia. La gente de Cádiz me parece una gente abierta, cariñosa, amable, acogedora, simpática y divertida. Pero luego hay un algo que lo ve quien entra un poco más. Es gente sufrida y generosa que lo vive con una elegancia y en situaciones de supervivencia heroica. A parte de eso hay una gran solidaridad. La vecina de al lado, el compañero del trabajo, comparten su comida o su ropa, van a la parroquia ¡A Cáritas parroquiales habría que hacerles un monumento! Eso sí que me preocupa porque hasta que no se vea que esto remonta, la gente lo pasa mal.

En esta situación crisis, ¿qué ideas tiene en cartera para desencallar proyectos patrimoniales?

-Me he encontrado un patrimonio rico y bellísimo. Veo que hacen falta muchas intervenciones, pero que el momento es muy malo porque la Iglesia no está capacitada para afrontarlas sola. Por otra parte los poderes públicos son conscientes que este es el patrimonio que le da solera a un pueblo, atractivo turístico y negocio. Es decir, todos tenemos que arrimar el hombro para sacar adelante cosas que son patrimonio de la Iglesia, pero que como ha pasado siempre, están para el uso y disfrute de todo un pueblo. Esto además tiene añadido un tema de administración económica que es complejo y yo me tengo que fiar de especialistas. Hay que hacer un programa de actuación y buscar apoyos. Hoy los públicos están muy estresados así que habrá que buscar ayudas particulares o de fundaciones.

El Sínodo Diocesano consideró que una de las prioridades era la religiosidad popular, ¿qué opina de las cofradías ?

-Cada día me encuentro con sorpresas muy gratas. Conocía la vida de las hermandades, porque no es una exclusiva de Andalucía pero sí es verdad que la intensidad con la que viven y acompañan a sus imágenes es multitudinaria. Creo que es muy aprovechable. Es un pueblo que en masa valora su fe y lo manifiesta con la devoción. Después hay algo más específico y es que entre unos y otros, a veces, establecen competencias porque donde hay muchos todos quieren tener su prioridad o cierta presencia. Esos son temas internos en los que no me meteré nunca. Pero sí pienso que tienen que ser moderados. He visto cuando he tratado con los presidentes de las consejos locales un sentido de Iglesia, una preocupación por la evangelización, por intentar transmitir a los jóvenes. Esa es la línea de renovación que marcó el Sínodo y que necesita tiempo.

-¿Se ha planteado ya la renovación de la curia para crearse su equipo de confianza?

-Los cambios en la Iglesia no son como en la política. La Iglesia siempre tiene el mismo programa y tiene sus colaboradores. Y ellos son fieles con su jerarquía. He encontrado unos colaboradores muy buenos sin afán de protagonismo y de poder. Los sacerdotes podrían estar en una parroquia desarrollando una labor pastoral más que tener cargos incómodos de gobierno. Sí habrá que hacerlo pero no tengo ninguna prisa ni ninguna preocupación. Precisamente por este nivel de confianza que tengo en mis colaboradores. Tengo que decir que al revés de los políticos yo este año me he propuesto no hacer nada y no lo consigo (risas) porque no paro de hacer cosas y de tener iniciativas. Pero mi deseo era conocer y ver. Tendrá que haber, más que una reforma, nuevas responsabilidades y sustituir al que se esté agotado.