JESÚS A. CAÑAS / LA VOZ DE CÁDIZ

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  • Después de cinco meses y una inversión de 45.000 euros, culmina la primera fase de restauración con la recuperación de las fachadas
  • La asociación inaugura su nueva sede en el convento

La intención es que el local tenga un horario fijo para la labor de captación y atención a asociados. :: F. JIMÉNEZ
La intención es que el local tenga un horario fijo para la labor de captación y atención a asociados. :: F. JIMÉNEZ

Siete años es demasiado tiempo para una joya patrimonial. Un tiempo de abandono que ayer llegó oficialmente a su fin. Hace ya cinco meses que los obreros llegaron al convento de Santa María para hacer realidad un proyecto tan ilusionante como complicado. Ayer se celebró el fin de estas obras que han rehabilitado las degradadas fachadas del convento y recuperado una pequeña parte del espacio monástico para que Amigos de Santa María tenga sede física en el que trabajar y atender a los gaditanos que deseen colaborar en la causa de la rehabilitación.

Para ello, los arquitectos de la entidad Alfonso Montes y Fernando Ríos explicaron la labor desarrollada en los últimos tiempos. Unas labores que han comprendido la protección de los azulejos del chapitel, la reposición de un techo desprendido del monasterio y la actuación en la propia fachada. Además, los dos expertos de la entidad explicaron la nueva fase que encara ahora la entidad, la consolidación completa del edificio para evitar desprendimientos.

Al acto acudieron en torno a 40 personas, entre asociados y gaditanos que se interesaron por colaborar con las monjas concepcionistas. Para ello se puso a la venta los primeros ladrillos de la campaña de ayuda con material de obra. La cita comenzó con la intervención del presidente, Antonio Jiménez que se congratuló de contar con una sede, justo un año después de las primeras reuniones. Además, el sacerdote de la entidad José Luis Sibón bendijo el local con la idea de que se convierta en punto de encuentro con un horario fijo. La primera gran actuación que se inauguró ayer ha supuesto un coste de 45.000 euros y se ha extendido durante cinco meses. En este tiempo se ha estabilizado y consolidado y cubierto con mortero de cal la degradada piedra ostionera de las calles Mirador, Público y Santa María. De hecho, incluso se ha intervenido sobre las fachadas que pertenecen a la cofradía del Nazareno «ya que ésta no contaba con fondos suficientes para afrontar su parte».

En la intervención se han respetado todos los vanos existentes, conservando el hueco por si, en futuros usos, fuera necesario abrirlos. Además, se ha adecentado la sala que las monjas han cedido a la entidad. Para ello, se ha pintado con cal los muros, se ha colocado una nueva solería, un nuevo falso techo de escayola y se ha reutilizado una puerta antigua del convento para el exterior. La entidad espera, tanto con su campaña de marketing como con la captación de socios (labor a la que ayudará la sede), conseguir benefactores para poder afrontar las siguientes fases que culminen con la vuelta de las religiosas.