ANTONIO MONTERO

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  • Rafael Zornoza cedió su báculo a monseñor Ceballos para que presidiera la Eucaristía.
  • El obispo emérito se desplazó desde Jaén para participar en ésta celebración jubilar
Monseñor Zornoza concelebró junto a monseñor Ceballos

La Catedral de Cádiz acogió en la mañana del viernes 29 de junio las bodas de oro sacerdotales de Antonio Ceballos, obispo emérito de Cádiz y Ceuta, de cuatro presbíteros diocesanos y las bodas de plata de otros seis sacerdotes más un diácono permanente.

Una celebración íntima, recogida y con la presencia de casi todo un presbiterio diocesano que quisieron estar presentes en el cincuenta aniversario como sacerdote de quien fue, hasta hace casi un año, el obispo titular de la Diócesis.

Un detalle por parte de monseñor Zornoza fue la cesión de su báculo a monseñor Ceballos para que presidiera la Eucaristía y para quien tuvo palabras de cariño y de afecto por su presencia en la que, recordó, “es su casa”. Una celebración sencilla pero sentida en la que todo un presbiterio se unía así a la alegría de sus compañeros y pastores.

Presencias y ausencias destacadas

Aunque no se citaron muchos fieles laicos, hay que tener en cuenta que era la mañana de un día laborable, la Catedral contó con la presencia de casi todo el presbiterio diocesano, del Seminario al completo, además de los religiosos, religiosas y consagrados que no se quisieron perder este particular e íntimo momento.

Con el padre Rafael Vez como maestro de ceremonias y el padre Antolín Camacho dirigiendo los cantos, fueron pasando figuras conocidas en la Diócesis. Como la de Manolo Cerezo, Caballero de San Gregorio Magno, que hizo la primera lectura, o la de Prudencia Alonso, directora del Secretariado de la Pastoral Familiar junto con su marido Maximiliano, quien leyó la segunda lectura antes de la proclamación del Evangelio por parte de Lucio Vitorino, diácono permanente en la parroquia de San Pedro de La Línea,  y que celebraba sus bodas de plata.

La ausencia más destacada de esta celebración jubilar fue la del canónigo y ecónomo de la sede gaditana, el padre Vizo, quien falleció durante los pasados oficios del Jueves Santo en la propia Catedral de Cádiz, a los ochenta y cuatro años de edad.

“Hombres celestiales y ángeles terrenales”

En su homilía, monseñor Ceballos hizo un repaso por las diferentes etapas de su vida sacerdotal, desgranando así para los presentes algunas de las características que debería tener un pastor en estos tiempos que corren.

Además de la ya conocida necesidad de seguir pidiendo para que haya buenos y santos sacerdotes, subrayó la importancia que sigue teniendo el testimonio valiente de una vida entregada a Cristo. Una cuidada atención de la dimensión espiritual de los hombres pero que, al mismo tiempo, no descuide la atención humana y cercana del sacerdote ante las dificultades materiales de sus fieles: “en el confesionario y  también atendiendo a los pobres en sus necesidades”.

Sostuvo la necesidad de seguir proponiendo un modelo de vida apostólica que, considera, sigue siendo válido aún para los jóvenes de nuestro tiempo. Una propuesta auténtica, a través de un testimonio sacerdotal adaptado a los nuevos medios y a los nuevos lenguajes sociales que existen y que se utilizan en la nueva cultura digital de las Redes Sociales, entre las que nos movemos y existimos,  pero sin perder su propia identidad como sacerdote.

Un testimonio de vida sacerdotal que, sin alejarse de este mundo, no descuide ninguna de las necesidades del Pueblo de Dios, citando a San Juan de Ávila, para que sean al mismo tiempo: “hombres celestiales y ángeles terrenales”.

Monseñor Ceballos en la sacristía de la Catedral gaditana
Monseñor Ceballos en la sacristía de la Catedral gaditana

Imagen del Buen Pastor

Al final de la Eucaristía el padre Balbino, nuevo ecónomo del Cabildo Catedral, dirigió unas palabras de agradecimiento antes de hacer entrega a cada uno de los homenajeados de un detalle, como suele ser costumbre todos los años. Para esta ocasión, el obsequio entregado ha consistido en una imagen en piedra “dolomita” del Buen Pastor que fue bastante aplaudida y comentada por los presentes.

A diferencia de otros cursos, la celebración de este año no ha tenido lugar en la Casa de Ejercicios que los jesuitas tienen en El Puerto de Santa María, limítrofe con la Diócesis. Hasta el curso pasado era costumbre homenajear a los sacerdotes que cumplían sus bodas sacerdotales durante la convivencia sacerdotal de final de curso.

Al finalizar la Eucaristía, los sacerdotes, diáconos y seminaristas presentes, aplaudieron sin parar durante varios minutos a la llegada de D. Antonio por la Sacristía de la Catedral.

Un gesto que emocionó a Monseñor Ceballos, por las muestras de cariño y de respeto sincero por parte de quienes han compartido y vivido con él su labor como Pastor en ésta Diócesis del sur de Europa durante los últimos dieciocho años.

Tras los aplausos, felicitaciones y saludos varios, la celebración continuó con un almuerzo que se celebró en el Seminario Conciliar de San Bartolomé.

Antonio Ceballos durante la procesión de entrada
Antonio Ceballos durante la procesión de entrada